jueves 12 de noviembre de 2009

El nuevo rumbo

«¿Hacia dónde ir? ¿Hacia dónde regresar, conducir, callar o palpitar?»
Pablo Neruda


Con todo mi cariño para Maché, Santiago, Eloy, Jesús, Rafael, José María y Francisco.

Paciente e incorpóreo Neftalí:

Las campanas de la iglesia de Alfacar siempre doblan dos veces. Ignoro la razón, que no la causa mecánica. Tal vez insistan para que, hasta los más despistados como yo, cuenten con una segunda oportunidad de tomar conciencia del tiempo en el que viven a cada hora. La volatilidad con la que me sumerjo a veces en algunas de las lecturas que me permito entre examen y examen, acaban por provocarme ensoñaciones nada saludables, dicho sea de paso, incluso para las calificaciones posteriores de mis alumnos.

Siempre he sido un lector desordenado, desmedido, ácrata —¿pero qué tendrá que ver Borges con Delibes, Galdós con Cortázar, García Montero con Muñoz Molina?— y a mucha honra, oiga. De no ser por el esfuerzo mental que requiere a veces resituarse en cada nuevo entorno narrativo o lírico, o los dos al mismo tiempo, diría que llego una vida de lo más contemplativa. Y eso que sólo hablamos de artificios, de literatura, de arte. La economía, cuando toca, toca... como las campanas de Alfacar, que tiran de nuevo de mis pies hacia el suelo. No me queda más remedio, pues, que pensar en la política, que para eso, y no para otra cosa, me aventuré en la blogosfera. La política.

Mi buen amigo Tomasito Paine, ex-Protágoras, acertó al desalentarse pronto. Le escuché proclamar desde el principio su recuperada ilusión por ejercer su derecho al voto. Eran otros tiempos, parece. Entonces nos creíamos necesarios, no sé si valorados, pero tampoco nos importaba demasiado. Manteníamos entre risas el futuro impulso del "Club de Amigos de las Setas" si esto de la regeneración democrática no acababa por cuajarse. Tal vez el 23 de noviembre sea una buena fecha para ir pensando en sus estatutos.

martes 13 de octubre de 2009

Aquí, dándome una vuelta

Querido Neftalí:


A pesar de las apariencias, todo este tiempo en el que no he subido ninguna nueva entrada a este nuestro blog, no he dejado de observar, reflexionar y escribir acerca de los acontecimientos que, en los últimos meses, han tenido algún hueco en UPyD. No me he decidido finalmente a colgar nada de lo escrito, tal vez por temor a que mi opinión acabara siendo instrumentalizada por algunos, tanto para convertirla en adalid de ciertas corrientes como las que se han dado en llamar «disidentes», «heréticas», «tóxicas» o «críticas», como en justificación de posturas «oficialistas»«independientes»… o para todo lo contrario al mismo tiempo.


Ya sucedió cuando escribí sobre mi dimisión como coordinador territorial de Andalucía. Lo que no fue más que un ejercicio de reconciliación conmigo mismo y con la gente a la que aprecio, se convirtió en un acontecimiento mediático que, aún hoy, resuena por algún periódico digital cuando se habla del abandono de Mikel Buesa o de la crisis interna de UPyD. Si ellos supieran…


Si nos damos cuenta, todo es falsificable, manipulable, matizable; ha triunfado el principio de «por la boca muere el pez», según el cual cualquier cosa que diga hoy se volverá, sí o sí, contra mí mañana. ¡Ay, joven Neftalí! ¡Qué civilización la nuestra! ¿Será posible que nos estemos proponiendo regenerar la democracia cuando salta a la vista que es más urgente una regeneración social y cívica?


A veces pienso que somos el mismo perro con distinto collar. A estas alturas, en pleno proceso constituyente, a menos de dos meses de un Congreso que llevábamos esperando dos años, cuando deberíamos centrar todas nuestras energías en construir el partido que queríamos, precisamente ese que parece desmoronarse a ratos por sí solo, y otras veces por demolición consciente, me sorprende que haya alguien —muchísimos— a los que les da lo mismo lo que salga. Conozco a varios candidatos a delegados —algunos de ellos, ya electos— que ni siquiera habían echado un vistazo a las ponencias del Congreso. Su batalla está en otra parte: los congresos territoriales y locales consiguientes, las elecciones municipales… incluso, la descalificación pública de los candidatos a delegados, sean del corte que sean. En esto sí que puedo hallar la transversalidad: hay de éstos tantos «oficialistas» como «críticos». Para ellos, mi más cariñoso desprecio.


Hace unos días, leí en un blog «hereje» cómo dos ex miembros del Consejo de Dirección coincidían en que UPyD no debería presentarse a más elecciones que las generales. Nunca lo había pensado, pero me parece una idea digna de tenerse en cuenta en un debate de la mayor altura posible. Quizá sea esta una manera de eliminar la «degeneración democrática» que en algunas pequeñas taifas upeydianas se está gestando. No lo sé, pero me gustaría escuchar y leer más sobre ello.


Sobre nuestro Congreso, me gustaría dedicar unas palabras a todos los que, de verdad, quieren que se produzca un debate abierto, sincero y rico. A los textos de las ponencias se han presentado miles de enmiendas. No sé si el número es excesivo o escaso. Desconozco aún, cuántas de ellas serán acogidas y cuántas rechazadas, —aunque sí me hago una idea del contenido de las rechazadas—.


Pues bien, independientemente de ello, creo poder trazar dos perfiles entre los delegados que acudan a Madrid a finales de noviembre: uno, el de quien considera falazmente un ataque a sus principios cualquier disensión, crítica o controversia; y otro, el de quien sabe que en UPyD, la disensión, la crítica y la controversia son consustancialmente necesarios. Los dos perfiles son clara y rápidamente identificables; basta con escucharles hablar no más de veinte segundos (se admiten excepciones).


Cuando el 15 de septiembre de 2007, acudí a la Casa de Campo para constituir el partido, me cuestionaba lo siguiente: después del Congreso, ¿seguiré como afiliado a UPyD? Ahora, la cuestión se ha tornado más patética: después del Congreso, ¿seguiré votando a UPyD?


La primera pregunta, se me antojaba traumática entonces; significaba que podrían darse la circunstancias necesarias como para perder la ilusión por comprometerme a fondo en un instrumento nuevo de participación política. La segunda pregunta, se me antoja demoledora para España.


Lo tengo claro, si de los dos perfiles que he descrito más arriba, el primero resultara mayoritario en el Congreso, la respuesta a la primera pregunta dejaría de ser importante. Habría que contestar definitivamente NO a la segunda.

domingo 12 de julio de 2009

El día en que todo un país tomó las calles y lloró impotente

Escrito por Beatriz G. Blasco
domingo, 12 de julio de 2009
elfarodigital.es


"El secuestro de Miguel Ángel Blanco el 10 de julio de 1997 y su asesinato dos días después marcó un punto de inflexión en la lucha antiterrorista en nuestro país. La sociedad salió a la calle en todos los puntos de España con un mismo fin, pedir su liberación. Una muerte a cámara lenta retransmitida a tiempo real de la que hoy se cumplen 12 años.

Si tiene más de veinte años, seguro lo recuerda. Quizá no la fecha exacta, el 12 de julio de 1997, pero sí el hecho, la barbarie. Esa tarde de verano de hace hoy doce años, con la mitad del país de vacaciones, España salió a las calles y lloró junta por un mismo motivo. ETA había asesinado al concejal del Partido Popular de Ermua (Vizcaya) Miguel Ángel Blanco con sólo 29 años. Antes, lo había secuestrado durante 48 angustiosas horas y había intentado chantajear a todo un país jugando con su vida [...]."

In memoriam

A Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto, quien hace 105 años fue tan gentil de nacer para comprometerse con el mundo y para confesar, años más tarde, que había vivido; en el mismo mundo que Miguel Ángel Blanco, el mismo día en que mutilaron su vida.





A PABLO NERUDA, CON CHILE EN EL CORAZÓN
(por analogía arriesgada, A MIGUEL ÁNGEL BLANCO)

No dormiréis, malditos de la espada,
cuervos nocturnos de sangrientas uñas,
tristes cobardes de las sombras tristes,
violadores de muertos.

No dormiréis.

Su noble canto, su pasión abierta,
su estatura más alta que las cumbres,
con el cántico libre de su pueblo
os ahogarán un día.

No dormiréis.

Venid a ver su casa asesinada,
la miseria fecal de vuestro odio,
su inmenso corazón pisoteado,
su pura mano herida.

No dormiréis.

No dormiréis porque ninguno duerme.
No dormiréis porque su luz os ciega.
No dormiréis porque la muerte es solo
vuestra victoria.

No dormiréis jamás porque estáis muertos.


Rafael Alberti. Fustigada luz (1978).

lunes 6 de julio de 2009

Batido por «googleada»

«De quien así, ocultamente, deseé,
nunca supe su nombre
y el romper de su risa es aún el vacío

Juan Luis Panero


Antes de UPyD, un alumno buscó mi nombre en internet. Sólo encontró un poema que escribí un par de años atrás, titulado Tempus fugit. Al día siguiente llegó a clase con gesto de pseudo-admiración y me dijo algo así como: «Enhorabuena; no entiendo lo que quiere decir el poema pero, por lo menos, sales en el Google».

Mira por dónde, Neftalí, «hemos salido en los papeles». Desde ayer por la noche, mis amigos no paran de escribirme para enseñarme dónde he salido. Estoy abrumado, francamente. Y eso que no he hablado con ningún medio de comunicación, a pesar de que lo han intentado con cierta insistencia. En primer lugar porque no me parece serio que, por muy sentidas que fueran mis palabras, éstas sean utilizadas por ningún buitre manipulador, de esos que abundan entre las direcciones de los medios, para atacar aquello que sólo ha podido doler cuando se ha amado tanto. Y en segundo lugar, porque me parece una tomadura de pelo que sólo interese una opinión por el mero hecho de que aparezcan en ella palabras como 'maloliente'.

Como no quiero que se me vaya el hilo, me centraré. Lo más gracioso es que este blog tiene un título que nada tiene que ver con mi identidad y que está registrado a nombre de un Santo. Pues bien, como no han podido hablar conmigo directamente, habrán acabado por pensar que dicho trámite tampoco era preciso para poner a parir un proyecto como el de UPyD, única intención esta (y no la información) que ha quedado patente por su forma de proceder. Cuanto más lo pienso, más me entra el llanto. ¿Te imaginas, Neftalí, que no sea yo el de la foto ni quien insinúo ser?

domingo 5 de julio de 2009

Mi dimisión

«Nada es tan necesario al hombre como un trozo de mar...»
Blas de Otero


Como ya sabes, joven amigo, he sido coordinador territorial de UPyD Andalucía hasta hace bien pocos días. Ha sido la mía una experiencia repleta de errores, titubeos, altibajos emocionales —más propios de un enamoradizo adolescente— y de múltiples decepciones. En fin, como todos, supongo.

Todo un novato, ese soy yo. Y como tal, he tenido que soportar de mala gana ese tenue fatalismo que acarrean los “porque sí”. No he logrado entender muchas de las cosas que he vivido en UPyD, ni creo que logre entenderlas nunca. Sigo sin acostumbrarme a las actitudes del político, esas que se supone que uno debe comprender y tolerar para andar metido en esto. Lo único que me consuela es que tampoco quiero acostumbrarme nunca. Todo un novato, ese soy yo.

La peculiaridad de este larguísimo momento “transitorio” en cuanto a la organización de UPyD hasta la celebración del Congreso ha causado demasiados estragos en mi ánimo político, además de en mi vida personal y, por supuesto, en mi dedicación profesional. Me he visto obligado a soportar situaciones y, sobre todo, comportamientos que considero pueriles, indignos y malolientes. He tenido que apretar los dientes demasiadas veces en busca de una armonía general de la que, vistos los resultados, me avergüenzo profundamente, ya que sólo han servido para fortalecer actitudes falaces e hirientes. Llegados a estas alturas, me he dado cuenta de que, en mi constante intento por transigir ante estupideces de todo tamaño, he ido perdiendo el respeto hacia mí mismo y hacia las personas que quiero. Ésas por las que un día fui Coordinador del CEP de Granada y por las que después acepté ser Coordinador de UPyD en Andalucía.

Nunca he entendido UPyD desde otra perspectiva que la de la participación. Este proyecto nace de una ciudadanía que, tras bastantes años asumiendo la actitud del espectador, decide que ya es hora de levantarse para reclamar lo obvio, lo invisible, aquello que de tanto haberlo dado por supuesto, se nos estaba escapando por la puerta de atrás: la Democracia —sí, sí, con mayúsculas—. Más allá del electoralismo, de la propaganda, de los medios de comunicación y de los políticos, existe la política. De eso no me cabe la menor duda.

Sin embargo, en los férreos convencimientos que compartimos casi todos nosotros, no hemos sido acompañados por los aciertos organizativos internos. Algunos han pensado que lo esencial, el plano ideológico, el manifiesto, salvaguardaba de alguna manera la enorme carencia de criterios coherentes en la forma de trabajar y de entendernos entre nosotros. A pesar de que esta creencia ha sido la dominante hasta el momento entre quienes han tenido la responsabilidad de dirigir el partido, los hechos y mi propia experiencia, han demostrado que, salvando el extraordinario trabajo parlamentario de Rosa Díez —que tampoco quisiera minorar, porque sería injusto—, casi todos los esfuerzos se han centrado en presentarnos a elecciones y en “apagar fuegos” constantemente.

Andalucía ha tenido de todo esto y mucho más. No puedo sostener mi discurso con grandes logros, porque no los he tenido. Las dificultades —muchas de ellas heredadas, y otras tantas provocadas por la inercia, la ambición o el silencio— han sido mis mejores, si no las únicas, compañeras de viaje.

Por integridad personal —la integridad política la dejo para quien tenga la capacidad intelectual que a mí me falta para analizarla—, afirmo con tristeza que, si fueron necesarios tantos esforzados golpes de riñón por convivir con personas que no merecen mi respeto, cuyas capacidades en la lecto-escritura más elemental no alcanzarían los mínimos de un nivel de Educación Primaria y cuyas constantes e irresponsables provocaciones han acabado por agotar mi paciencia, vamos por muy mal camino. Si por selección natural, el perfil político que acaba prevaleciendo en UPyD es el de algunas de las personas que tengo en mente, habré acertado en mi decisión de dimitir, sin duda alguna.

La culpa ha sido enteramente mía. Porque en la soledad del encuentro con uno mismo, cuando no hay nadie a quien buscar la mirada cómplice, ni existe posibilidad alguna de desahogarse de sus frustraciones, siempre he topado con argumentos suficientes para convencerme de que no estoy hecho para esto. Me faltan demasiadas cualidades y me sobran no menos defectos que, aun pasando en ocasiones inadvertidos, siempre han acabado por pasarme factura.

No he dimitido, querido amigo, por las presiones de algunos miembros de la Coordinadora: lo hago desde el amplio ejercicio de una libertad que perdí en algún momento casi sin darme cuenta, cuando renuncié a ejercerla en aras de un ficticio buen entendimiento general.

Esa libertad perdida con la que intentaré reconciliarme —con mi conciencia lo estoy haciendo a la par que escribo estas líneas—, siempre ha sido en mí un valor prioritario del que espero no tener que desprenderme nunca más, aunque no valga para nada ni para nadie.

Tomo la palabra

«Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía
Gustavo Adolfo Bécquer


Joven Neftalí:

A falta de un Troylo más aventajado, te tomo a ti como sufridor de mis cuitas. Espero tu comprensión y tu paciencia: ser elegido paño de lágrimas así, sin pedirlo ni provocarlo debe de dejarle a uno, además de indefenso, perplejo. Por ello, porque sería demasiada crueldad para aplicársela a los vivos —y demasiado el sacrilegio para los venerables muertos—, me he decantado por acogerme a una ficción como esta, sorda y eterna a partes iguales: la juventud de un poeta.

Abro esta puerta a mis amigos, a todos aquellos que han compartido en los últimos tiempos la romántica idea del compromiso; a quienes creen que merece la pena construir algo nuevo y para quienes la política es, por encima de todo, un triunfo de los ciudadanos arrebatado y manipulado una mil veces por los partidos tradicionales y otros poderes fácticos.

Si Unión Progreso y Democracia se ha erigido en adalid por la reconquista de los derechos de la ciudadanía, aún está por ver. Si todavía podemos aportar nuestro empuje para que acabe siendo una realidad, también está por ver. Me resisto a claudicar, de momento. Aunque prematuro anciano para tantas cosas, para esto reivindico mi juventud y el derecho no exclusivo de apasionarme.

Parafraseando a Saint-Exupéry en la dedicatoria inicial de Le petit prince, ofrendo estas líneas no al poeta consagrado, sino al que estuvo cargado de futuro, al poeta cuando era joven. El joven Neftalí.